
Pedronel González
TuFamilia@laprensa.hn
¿Cómo se puede salvar un matrimonio después de varios años de problemas?
Empiezo diciéndole que según mi criterio, tres cosas son necesarias para salvar un matrimonio: en primer lugar “el poder de Dios”, es decir, creer que Él tiene poder para cambiar nuestra vida y permitir que Él nos use para sus propósitos. Usted asegura que es una mujer cristiana, pero no hace ninguna alusión a la experiencia de fe de su esposo.
La Escritura coloca como la causa fundamental de la separación o del divorcio, “la dureza de corazón”, sclerokardía en griego (Marcos 10,5). En el Nuevo Testamento por dureza de corazón se designa la falta de fe, la ceguera o ignorancia deliberada sobre un objeto o aspecto central de la fe. El uso que aquí se hace del término implica que quien no ve -o no sabe- que no puede repudiar a su esposa, no comprende rectamente el mensaje fundamental y está fracasando en la fe (Cfr. José Luis Larrabe. El matrimonio cristiano y la familia. Pág. 39). Por eso es necesario el poder de Dios, es decir, la capacidad de abrirse y ser moldeado según su voluntad.
En segundo lugar, lo necesario para salvar un matrimonio es, “la buena voluntad de los cónyuges”, me permito subrayarla porque si no hay buena voluntad de ambos, es imposible salvar un matrimonio, en mi práctica clínica he podido corroborar que para destruir un matrimonio con uno solo basta, pero para salvarlo, es necesario, la buena voluntad de ambos cónyuges, una mujer puede amar mucho a un hombre, pero eso no garantiza la salvación del matrimonio, una mujer puede hacer el 200% como usted escribe, pero eso no garantizará absolutamente nada, tenga muy presente que “darlo todo no garantiza nada”. En su caso usted expone claramente que la decisión de divorciarse la tomó su esposo y ante esa decisión usted no puede hacer nada, recuerde que lo peor que puede hacer es mendigarle amor y suplicarle que no la deje. Recuerde que el amor por muy grande que sea no tiene la capacidad de encadenar a quien no nos ama, si a quien amamos no quiere estar con nosotros.
Cuando no nos aman es innecesario seguir una relación o un matrimonio, es vital iniciar el proceso de aceptación, “no me aman, yo debo seguir mi vida, debo hacerme cargo de mí misma”. Recuerde que en los seis meses que llevan separados él no ha tomado la iniciativa de buscarla y usted me dice claramente la posición de su ex-esposo.
“Él asegura dos cosas, que ya no me ama y mejor es honesto y que no cree que nuestra relación pueda mejorar”. Más claro no canta un gallo, él no la ama, él no quiere saber nada de usted, él está convencido que su relación no pueda mejorar. Seguidamente usted expresa una idea claramente irracional cuando afirma “no concibo la idea que se deje de amar de un día para otro”, lo racional es que sí se puede dejar de amar, sino lo cree, tómese un tiempo para recordar personas a quienes usted en un momento amó mucho y hoy ya ni se acuerda de ellas: un novio, una amiga, un amigo.
Los seres humanos pensamos dogmáticamente creyendo que el amor llega para no irse nunca, pasando por alto la posibilidad que existe de que el amor muchas veces se va antes que nos demos cuenta y por paradójico que sea ni un contrato civil o religioso tiene la capacidad de detenerlo, así es el amor, llega cuando quiere y se va cuando quiere. Señora “su amor” se fue, no cuando abandono la casa, si no que desde hace mucho tiempo atrás ya no estaba, ya se había ido, qué triste que usted hasta ahora lo empezó a notar. La tercera condición para salvar un matrimonio es “una consejería oportuna” y cuando me refiero a que sea oportuna es que se haya recibido en el momento preciso.
Comente