
Pedronel González
TuFamilia@laprensa.hn
Estoy casada con mi pareja desde hace 10 años, pero ahora me estoy preguntando si valdrá la pena continuar con él, pues es un hombre que no me ha permitido superarme profesionalmente por miedo a que yo, según dice él, al terminar mi carrera lo deje por otro. Me podría decir ¿cuáles son las razones para no seguir con mi cónyuge?
Un hombre que no permite que su mujer se auto-realice profesionalmente es inseguro y sencillamente quiere mantenerla atada por medio de la ignorancia, olvidándose que no existe nada que pueda amarrar el amor. Entre más cadenas se le pongan al amor, más escurridizo se hace y más pronto que nunca se escapara. Pues el amor muchas veces se va, por no dejarlo libre, como muy bien lo afirma Ricardo Arjona. Parece ser que éste es el caso de su esposo, quien se siente seguro al tener una mujer que no se ha superado profesionalmente y que por lo tanto tiene grandes probabilidades de depender de él.
Considero que lo peor que le puede pasar a una pareja es estar juntos por conveniencia y no por amor, porque la conveniencia se aguanta pero frustra y decepciona, pero el amor da sentido de vida y auto-realiza. Aunque el amor es libre, al amar hay que colocarle límites sanos, es decir, hacer una demarcación realista más que romántica, esto incluye cuando se debe dar por terminada una relación, aunque exista amor hacia la otra persona. La clave no es “porque te amo, no te dejo”, sino “te dejo porque me amo”, “te amo pero como me haces daño, elijo dejarte”.
Recuerde que la única persona que nunca nos abandonará ni en las buenas, ni en las malas, soy yo mismo, por lo tanto, el primero en mi lista debo ser yo. Alguien podrá decirme, “pero usted está predicando el egoísmo”, no predico el individualismo, sino el amor hacia uno mismo, un amor sano y saludable, que me protege de todo aquél o aquélla que quiera dañarme. Mucha gente que anda predicando el amor al prójimo ha pasado por alto que amar al prójimo implica amarme a mí mismo, quien ama al prójimo sin amarse a sí mismo no está amando plenamente, sino que está llenando sus vacíos afectivos con un pseudo-amor. Tenga muy presente que la Biblia dice “amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Marcos 12, 31).
La mayoría de creyentes han puesto el énfasis en “amarás a tu prójimo” casi que olvidándose de la parte que dice “como a ti mismo”. Un amor que no empieza por si mismo aunque se disfrace de espiritualidad no es un amor verdadero. El psicólogo Walter Riso en su libro “los límites del amor” y el cual de paso le sugiero que lo adquiera y lo lea, dice que existen tres razones para no seguir con una persona, aunque llevemos muchos años de convivencia.
La primera razón es “cuando no te quieren”, recuerde que lo peor que una persona puede hacer es mendigar amor, suplicar amor es la peor de las humillaciones a la que una persona puede someterse. La segunda razón y parece ser que ése es su caso, es “cuando obstaculizan tu auto-realización, es decir, cuando no te permiten que muestres todo tu potencial. Naturalmente que en el desarrollo de su potencial hay que tener en cuenta que no sea destructivo, ni para usted, ni para los otros.
Pregúntese hoy: ¿cuál es su ideal del yo, su vocación, sus ambiciones, sus pasiones, sus gustos, sus sueños, sus proyectos de vida, sus metas? Si el amor de su vida le pide que renuncie a ser usted por satisfacerlo/a, considero que sería una pésima decisión el que usted renuncie a su realización por estar con él o ella, pues estaría pasando a una esclavitud en nombre del amor. A mi clínica llegan muchos pacientes que se han convertido en planetas que giran sin luz propia, alrededor del sol, que para unos puede ser el cónyuge, los hijos, la familia, los amigos, mientras “su sol” permanece en el centro, ellos son felices, pero cuando “su sol”, deja de brillar o decide irse a brillar a otro lado, viene la depresión y en algunos casos hasta el suicidio. Lo peor que puede hacer una persona es olvidarse de vivir.
Una paciente al final de su primera sesión concluyó con lágrimas en sus ojos: “Licenciado, durante 50 años me olvidé de mí”, en su caso particular su esposo la había dejado después de haberle aguantado malos tratos. El haberse olvidado de ella, no le garantizó que su esposo permanecería junto a ella para toda la vida. La tercera razón para no seguir con una persona es “cuando vulneran tus principios o valores”. Basta con decir que el límite de lo negociable es la dignidad personal, es decir, no vale seguir amando a alguien cuando nuestra dignidad es pisoteada.

Pedronel González
TuFamilia@laprensa.hn
Tengo un hijo de 21 años que asiste a la Iglesia, lee la Biblia y no tiene vicios, pero no quiere trabajar ni estudiar. ¿Qué puedo hacer?
Debe tener muy presente que usted es responsable de la manutención de su hijo hasta que él haya cumplido la mayoría de edad y aquí en Honduras ésta se adquiere a los 21 años. Por lo tanto, usted ya no es responsable de mantener a su hijo, de seguir así, lo que le continuaría haciendo es un gran mal porque le seguiría fomentado su dependencia.
A los hijos desde pequeños hay que enseñarles a que amen el trabajo y lo asuman como un valor que hay que cultivar siempre. Es buena táctica que los padres asignen trabajos a sus hijos de acuerdo a su edad y por la realización de los mismos les paguen, para que ellos vean retribuido su esfuerzo.
Claro que hay que evitar pagarles por todo. Es necesario que los padres en primer lugar definan cuáles son las responsabilidades de sus hijos y que por éstas no recibirán ningún dinero, por ejemplo, considero que no se puede pagarle a un hijo porque se lave los dientes, tienda la cama o estudie, eso es parte de sus obligaciones. Pero sí podría pagárseles por lustrar unos zapatos o cortar el césped, etc. El segundo texto se encuentra en Proverbios 6, 6-11: “Anda a ver la hormiga, perezoso, mira sus costumbres y te harás sabio. Ella no tiene jefe, ni mayordomo, ni amo. Asegura en el verano su provisión, recoge durante la siega comida.
¿Hasta cuándo perezoso, estarás acostado? ¿Cuándo te levantarás de tu sueño? Dormir un poco, dormitar otro poco, descansando con los brazos cruzados y como un vagabundo te viene la miseria y como un mendigo la pobreza”. Del texto en referencia resaltó lo siguiente: el ejemplo extraordinario de las hormigas, que en veranos aseguran su provisión; el llamado fuerte que le hace al perezoso, que además es dormilón, y la consecuencia de la ociosidad: miseria y pobreza. Mi mamá lo expresaba de forma más sintética, pues siempre nos decía: “Mijo, al hombre pobre y sin plata la cama lo mata”.
El tercer texto está en 2 Tesalonicenses 3, 10: “Si alguien no quiere trabajar, que no coma”. Si no comer origina la muerte, siendo muy extremos en la interpretación del texto se podría decir que es preferible que alguien esté muerto a que no esté haciendo nada o haraganeando.
Finalmente comparta con su hijo una de las frases célebres de la Madre Teresa de Calcuta: “No puedo parar de trabajar. Tendré toda la eternidad para descansar”.
Me llama la atención que usted me dice que su hijo va a la Iglesia y lee la Biblia, al respecto no sé qué tipo de Biblia estará leyendo porque la Biblia habla sobre la importancia del trabajo. Le citará tres textos de la Biblia que insisten sobre el trabajo:
El primero lo encontramos en Éxodo 20, 9-10: “Trabaja seis días y en ellos haz todas tus obras. Pero el día séptimo es día de descanso, consagrado a Yavé, tu Dios”. El texto en referencia hace énfasis en tres cosas: número uno, hay que trabajar seis días; número dos, hay que descansar solamente un día; y número tres, ese día de descanso está consagrado a Dios.